9 de diciembre de 2010

Déjame vivir


Por las calles de la confianza hilvano pasos simétricos,
mano tendida a cualquier mujer de saldo que a cambio de placeres inmediatos
haga olvidar las fotos de carnet que tras las visas aún guardo.


Por los senderos de la seguridad desfilo sin arnés,
sin más ayuda que la barra del cabecero de multitud de camas visitadas
donde poder sudar cualquier aroma que aún pudiera conservar de ti.


Porque si bien con el alcohol de cien noches seguidas
pude borrar de mi corazón, letra a letra, el grafiti de tu nombre;
aún no puedo olvidar la humedad de tu pelo sobre mí,
el susurro de mil orgasmos colándose por mis oídos,
el interminable recorrido del reloj en madrugadas de vigilia
sin más abrigo que pecados inconfesables bajo sábanas húmedas.

Por ello déjame olvidarte en moteles de una noche,
déjame hacer jirones el recuerdo de tu olor entre las esquinas de mi hombría,
déjame decir tu nombre en cada eyaculación despectiva,
déjame vivir, en suma, si es que puedo llamarle vida a aquello que hago
desde aquel día en que tú decidiste, cruel y simple,
que no te merecía.



votar