13 de octubre de 2009

15:11

Cuando abrió los ojos, aún permanecía en estado de hibernación. Era una sensación molesta, a la que nunca uno podía acostumbrarse por muchos ensayos realizados en base. De forma similar a las mioclonías; su cerebro recuperaba antes que el cuerpo la consciencia y, a pesar de dirigir todo su empeño en recuperar la gobernabilidad del sistema nervioso central, no conseguía mover un solo músculo. No debía desesperar. Poco a poco iba sintiendo ligeros hormigueos que iban ascendiendo desde sus extremidades al tronco. Al tiempo que aquella chispa vital iba consumiendo su cuerpo, el vello de la piel se erizaba, sus pezones se endurecían en vergonzante sensación y podía nuevamente tragar saliva. Su funcionalidad era casi total, aún a pesar de sentir un ligero mareo. Colocó ambas manos frente a sí, observando primeramente ambos dorsos para a continuación, a modo de ritual, voltear ambas a la vez para quedarse observando sus palmas. Así volvía a sentirse viva. Tapándose la cara, notando la fría temperatura de las mismas, en contraste con el resto de su cuerpo. Extendió su mano derecha a lo largo del habitáculo y pulsó el botón. La cápsula se llenó de gas al tiempo que iniciaba la secuencia de apertura. Cerró los ojos. Sus oídos no habían perdido capacidad. Podía sentir el incómodo deslizar de los mecanismos de apertura, el estridente sonido del sistema hiperbárico que igualaba la presión con el exterior, y el posterior silencio de la nave que volvía a gobernar seis meses después.
Todo seguía en su sitio. En el puente de mando se encontraba su segundo de a bordo; Miguel; Capitán auxiliar de vuelo de la Agencia Espacial Europea. Había despertado antes. Al verla, olvidó todo tipo de formalismo y se dirigió a ella por su nombre:
- Silvia… Hemos llegado.
Los ojos de Silvia estaban vidriosos. Le costaba trabajo aguantar las lágrimas. La expedición que ella comandaba había llegado al planeta destino. A través de los ventanales del puente de mando podía observar la turbia atmósfera del satélite, bajo un abigarrado cielo gris lleno de fenómenos eléctricos. Sólo con la mirada, ambos se enfundaron el traje de paseo, ayudándose mutuamente en la colocación del equipo de respiración autónoma. Silvia; aún emocionada, miraba el parche del brazo derecho del traje. “ E.S.A.”, “Misión xxxxx”. La misión más importante de la humanidad; en la que varias generaciones habían trabajado, sufrido, y muerto. Una misión a la que ella tuvo la suerte de comandar y que quizás estaba tocando a su fin en pleno 2209. Un proyecto conjunto de todas las Agencias Espaciales mundiales y a las que, de entre todos los pilotos cualificados para ello, tuvo que tocarles en suerte a dos españolitos criados entre pasillos y corredores. Miguel seguía con su silencio. El silencio del miedo.
Cuando abrieron la escotilla, comprobaron que existía gravedad. La nave se había posado hacía unas tres semanas en aquella gran llanura; uniforme, sin accidente geográfico alguno. Tan sólo algunos remolinos de polvo enturbiaban aquella perfecta simetría geográfica con el horizonte. Miguel accionó uno de los mecanismos del traje para tomar lecturas del ambiente. Aparentemente todo normal. Silvia se alejó unos metros buscando un lugar donde emplazar un sistema de transmisiones que pudiera emitir señales a la ESA. No podía creer que estaban siendo los primeros en pisar aquella yerma superficie en misión espacial. Miguel seguía tomando lecturas.
Pero algo hizo de repente detenerse a Silvia. Quedó petrificada, muda, impávida ante lo que estaba viendo. Miguel; que se encontraba a unos 300 metros de ella, inquirió su estado:
- Mi comandante, ¿ le pasa algo?
- Miguel… Es maravilloso.
- ¿ Maravilloso el qué; Silvia?. Es un planeta, como otro cualquiera.
- No. Es maravilloso. Esto sólo lo había visto en libros. Mi abuelo sólo lo había visto en libros, y puede que mi tatarabuelo conociese de esto por leyendas. Pero yo lo he visto…porque... este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado... - respondió con la voz entrecortada, enjugándose las lágrimas.Al oír tal declaración, Miguel corrió hacia el emplazamiento de su compañera. Al llegar hacia ella, observó su faz, sus ojos perdidos en un punto fijo del suelo al tiempo que las lágrimas empañaban el cristal de la escafandra. Intentó seguir la mirada de su compañera intentando averiguar qué le había producido tal colapso, hasta que aquella imagen heló su sangre también. Sólo pudo musitar un suave “Dios mío...”.
Ante ellos, se erigía entre dos piedras exultante una margarita rodeada de varios tréboles. Era el comienzo de un pequeño vergel yacente ante ellos. Quién sabe si aquello llevaba allí cincuenta años creciendo o no. El caso es que tuvieron que pasar ciento cincuenta años para que la humanidad, postergada a un sinfín de estaciones espaciales, pudiera volver a realizar una expedición a la Tierra que, por su ignorancia y dejadez, tuvieron que abandonar para siempre. Ahora sabían que podrían volver, que la vida volvía, aunque fuera en sus formas más simples, a poblar el planeta, y que con la biotecnología existente, podían volver a hacer de aquel planeta un sitio donde volver a empezar. Un sitio donde, como hijos pródigos, volver y rendir cuentas ante la madre Tierra; aquella a la que se ignoró cuando comenzó a dar señales de cansancio, aquella que nos enseñó que nuestros actos de ayer, fueron la herencia del mañana.
Silvia y Miguel volvieron a base tras instalar los sistemas de comunicación. Miguel ya había preparado su hibernación. Silvia seguía aún conmocionada. La operación 15:11, la parábola del hijo pródigo según rezaba el evangelio de San Lucas en aquel pasaje, había sido un éxito. Preparó el informe y lo dejó listo para transmisión del informe final...

“ Planeta Tierra en perfectas condiciones para la regeneración… Formas de vida existentes y aire respirable... Condiciones climatológicas aún adversas. Podemos volver a casa…”



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2 comentarios:

Belén dijo...

Buf... no se yo si querría verlo...

:)

Besicos

La Luna, La Estrella... y el Mar dijo...

Hacía tiempo q no pasaba por aquí por nos tenías abandonaos :( aunque con escusita válida jejeje
Como siempre impresionante tus entradas, al fin vuelves, espero que no tardes tanto en ir actualizando, aunque encontrarme dos entradas del tirón es muuuuy grato :P
GRACIAS una vez más por compartirlo con los que te seguimos ^^
Besitooos!!!