19 de julio de 2009

Orgasmo y Soledad

Allí me encontraba, inerte desde que miré por penúltima vez el reloj. Yacente sobre el sudoroso lecho dejando cubrir con aquella sábana parte de mi desnudo torso. Los brazos en cruz; triste ramal del perenne árbol en que me había convertido, abarcando la inmensidad de aquella sucia cama de motel, mostraba como único fruto un vaso con algunos hielos moribundos que terminaron por diluir el pequeño resto de alcohol sobrante. Mis ojos; perdidos en la inmensidad del techo de aquel cubículo, perseguían el pequeño ventilador pendiente del techo en su movimiento de rotación. Intentaba no pensar en él, aunque no había un sólo momento en que mi oído derecho dejase de prestar atención al teléfono móvil; único compañero fiel de cama, bolso y noches en vela que me quedaba.


Era un cabrón. Lo sabía. Pero un cabrón que me hacía vibrar en cada segundo. Y por ello no podía dejar de pensar en él. No podía dejar de sentir sus dedos hollando la superficie de mis hombros, al tiempo que con su lengua recorría el eléctrico sendero que unía el oído con el cuello. Podía sentir como ácido su saliva, corroyendo el más pequeño atisbo de decencia que pudiera quedarme en el cuerpo, sintiendo ese denso escalofrío que llegaba hasta el dedo gordo de mis pies. Y así perdía el control, acompañando su mano hasta mis pechos, rallando el dorso de sus palmas con la fortaleza de los erectos pezones, bajando por el estrecho canal que ofrecía la turgencia de mis senos hasta el monte de venus donde allí, dejaba su mano libre. Libre de sentir el calor que desprendía mi sexo, libre de juguetear con el vello de mi pubis; segado en forma de estrecho camino hacia donde él desataba su líbido. Y ahí me hacía vibrar, hacerme suya, entregarme hasta el punto de ahogar mis gritos subconscientes que suplicaban la más aberrante de las sodomías. Me hacía sentir que el corazón bajaba, notando latir fuertemente aquello que su miembro deseaba. Y, aunque la razón me decía que debía jugar mis cartas y disfrutar del momento, acababa derramándome de placer, sintiendo tres de sus dedos dentro de mí a la vez que con sus labios mordisqueaba suavemente mis pezones.


Nave a la deriva. Cuaderno de bitácoras en blanco. Náufraga en el mar del sexo por el sexo, siempre acababa con él cerrando mi mente y abriendo mis piernas. Me entregaba al violento compás de su zona lumbar sobre mi pelvis, taladrándome una y otra vez. Sin besos. Sin palabras. Sólo mirarnos el uno al otro en una lucha interna por ver quién llegaba antes al orgasmo, provocando el mismo con miradas fijas en las que se podía leer tanto lo que él quería hacer, como lo que yo quería que me hiciese. Todo. Y cuando él se venía, acelerando su frenético vaivén, lo apretaba contra mí para no dejar escapar ni gota; atenazando su delgado torso entre mis muslos. A él le gustaba. Pero a mí me volvía loca. Era la sensación de controlar lo que controlaba, aunque fuera por aquel instante. El único instante que lo necesitaba. El único en el que podía asegurar que era mío.


Hoy no ha llamado. Rompo a llorar. Aún mi cuerpo se estremece y las piernas me tiemblan. Hoy mis dedos han sido los suyos. Mi deseo ha sido su fuerza y mi desinhibición su orgasmo. Lo he sentido tan cerca que casi pude notar su semilla regando mi pubis. Pero no. No me queda más que el rancio olor a genitales sudados en mi mano y la sensación de haber mojado la cama como si volviera a tener tres años. Poca diferencia si lo reconsidero. Prefiero orgasmo y soledad, a soledad...y orgasmo.




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8 comentarios:

Belén dijo...

Si es que hay cada uno por ahí que vamos... nos ponen y nos quitan!

Besicos

jordim dijo...

mmm, interesante blog, muy interesante; volveré por aquí, Moody (joder, qué grande es esa serie..)

Zinquirilla dijo...

Me ha gustado el relato, pero me he preguntado si es voz masculina o femenina, viendo el perfil.... pero quizás eso no importe,

saludos.

Miss Saudade dijo...

El servicio automatico deja orgasmos vacíos. Y el chichi (con perdón) ardiendo. ¿Eres lampiño?

Lena dijo...

Ozú!

Qué calorón ma ha dado leerte...

Buen texto, Alex...

Triste como los orgasmos solitarios.

Beso!

yurenaguillen dijo...

Muy buena descripción del sexo y de la soledad en el sexo. Creo que has sabido narrar perfectamente el texto poniéndote en el lugar de una mujer.
Me gusta cuando se habla de sexo desde el punto de vista de la soledad porque en muchos casos no es más que un acto egoísta fruto de una búsqueda por saciar nuestros deseos. Me gusta como has reflejado esa dependencia que siente la protagonista y la conclusión final.
Muchas gracias por la visita y por el comentario, Álex.
Un abrazo.

La Luna, La Estrella... y el Mar dijo...

Ves? esq no sabe una que poner, a parte de que estoy totalmente deacuerdo con el resto, esque se mete uno en el papel totalmente ehh, es que y me repito me da igual jajaja leer un libro tuyo tiene q ser la ****
Ah! y por cierto SI q calorín da el leerlo ajajajaja
De nuevo GRACIAS por compartir tu Don ^^
Besos!!

Shikilla dijo...

Sensual y sexual relato, tan bien escrito que guía la líbido a un camino ascendente de donde es difícil bajar sin sentir.