10 de abril de 2009

Closer

En el zoom más intenso que puede haber entre dos personas, allá donde la más mínima imperfección cobra el protagonismo, quedé mudo. Notaba el reloj pararse por un instante, olvidando que tenía tus manos agarradas por las muñecas en un gesto de rabia incontrolada. Ahí pude comprobar las mil razones por las que compartí contigo quince años con sus ciento ochenta meses y sus cinco mil cuatrocientos setenta y cinco días. Tus ojos sobre los míos, impávidos, estremeciendo los cimientos de mi cordura con su fijación, poniendo a prueba la resistencia del muro de mi mentira. Y no comprendí por qué un minutos antes discutíamos acalarodamente. No comprendí cómo te dirigiste a mí con las manos enervadas en gesto desencajado mientras vociferabas por mil cosas. No comprendí por qué mi mano derecha impactó en tu mejilla al tiempo que te insulté de forma sohez y zahiriente... No lo comprendí, hasta que vi en tus pupilas el reflejo de mis ojos; mentirosos, ladinos, víctimas del alcohol y de esta vida tan asquerosa que me tocó vivir. Entonces comprendí que no era fruto más que de mi fracaso, ahogado en el whisky solo de la tasca más cercana al lugar del trabajo y envenenado por el sudor de la secretaría con la que exudaba el más salvaje semen que contigo me avergonzaba derramar.

Y tus ojos lo sabían. Sabían de mis múltiples infidelidades. De mis múltiples fracasos. De mi paulatina destrucción. Y por eso no dejaban de mirarme en aquellos eternos segundos de la misma forma. Con pena. Con incredulidad. Con el miedo de, a pesar de ser lo que soy, temer verse solos algún día sin nadie a los que humillar. No hay discurso más claro que el silencio. Por eso, cuando la primera lágrima se quemó en la rojez de tu mejilla vil maltratada por mi propia decepción no tuve más remedio que abrazarte. Abrazarte y comprender que, aunque siga siendo el despojo que arrastre de bar en bar y de mujer en mujer toda mi mediocridad, seguiré sin comprender que aún tengo en casa el regazo al que acogerme, la botella en la que ahogarme, el amor que quince años desperdicié.


7 de abril de 2009

La prisión

La habitación se encontraba, como siempre a aquellas horas, vacía. Un habitáculo pequeño, individual, como el de todas las prisiones malolientes donde encerraban a los Agentes secretos. Después de tanto tiempo internado, su estatus era el de un prisionero con rango, tanto que incluso su vigilancia había dejado ya de pasar las noches junto a él a petición propia, si bien los fines de semana era inevitable observar la cansada efigie de su carcelera intentando descansar en un maltrecho sofa de sky situado a la derecha de su cama. Cosa que, si bien no era de su agrado, tenían el lado positivo de ser las únicas noches en las que Manuel podía jugar a las adivinanzas; intentando averiguar qué era lo que realmente pasaba por la cabeza de su vigilante. Incluso había noches que podía seguir despierto hasta que el sueño terminara por vencer toda resistencia para que entonces, y sólo entonces, poder aprovechar todo su entrenamiento de supervivencia. Se recostaba y acercaba tímidamente la mano a la frente de aquella mujer para ver si era posible robar algún recuerdo suyo que le hiciera volar más allá de la celda 513 sin que el Jefe de aquella estancia se enterase. Las cosas normales de toda persona que llevaba ya dos años contados de cautiverio. El único prisionero de aquel centro, recogido entre algodones, mimado hasta la saciedad, con todo lo accesible a su mano. Excepto la libertad.

Aquella noche de Abril Manuel; agente secreto, seguía sin tener sueño. Pasó una mala tarde como siempre que le ponían las inyecciones de quiminosequé, y luego le costaba dormir. Se asomó a la ventana. Vacío, tristeza. Como todas las prisiones secretas, ésta se hallaba alejada de la ciudad, y justo enfrente tenía un pequeño patio de columpios aislado; el cual recordaba perfectamente ya que el primer día, cuando fue engañado y conducido hasta allí, quedó prendado de la armonía de sus bastidores y la simetría de aquellos hierros cruzados que conformaban aquel conjunto de toboganes, trapecios y balancines. Manuel los miró con tristeza y volvió a su cama, sentándose en el mismo borde. Quedó pensativo, al margen de todo lo que le rodeaba durante unos instantes y suspiró. Se calzó las zapatillas de estar por casa y levantándose, corrió al sofá de sky donde estaba el batín rayado de la prisión. Era hora de escapar.
El Manuel temeroso se había transformado, y parecía listo para escapar de la prisión y cumplir la misión. Avanzó hacia la puerta y, suspirando, la abrió. Salió al pasillo. Fuera se encontraban los malos. Debía esquivarlos. Anduvo por los pasillos de la planta, hasta encontrar las escaleras. Antes, miró los carteles por si se perdía y debía volver a la base. Planta de On..de On.... Quién sabe qué demonios le habrían hecho en aquel lugar. No era ni capaz de leer ese nombre. Tomó aire, y se aventuró a bajar las escaleras. Su cuerpo se encontraba pesado. Debía realizar un último esfuerzo y sería libre.

Al llegar a la planta baja se asomó. Había vigilancia. Y estaba desarmado. Pero no había otra opción. Manuel salió corriendo, advirtiendo su presencia a todos los carceleros de la planta baja que inmediatamente comenzaron a chillarle, pidiéndole a gritos que se parara. Pero Manuel no paró. Salió fuera sin oposición, y riéndose, alcanzó aquel patio de columpios. Entonces se arrodilló, y alzando las manos, miró al cielo. Un cielo sin nubes, estrellado, limpio. Sabía que lo volverían a coger, pero por unos instantes respiró el aire puro del exterior.

Y con eso le valía.

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- " Bueñas noches Señora Martín; le llamamos desde el Hospital Funes... "
- " Buenas noches... Ha vuelto a escaparse, ¿no? "
- " Emmm... Sí... Ha vuelto a escaparse y... ha llegado hasta la calle...
- " ¿ Como?...( enojada). Vamos a ver. ¿ Me está diciendo que un niño de diez años enfermo de cáncer, que no puede salir y por el cual pagamos treinta mil euros al año ha conseguido salir hasta la calle ?
- Bueno... Sí... Y de verdad que lo sentimos señora, ha sido un fallo imperdonable que no se volverá a repetir"...