1 de octubre de 2008

Ruido de Sables

Hoy no debe ser un gran día. El cielo amanece gris, y aunque las huestes de cúmulos se batieran en retirada ante las hordas del Ra más vengativo, para mí seguiría siendo otra muesca que apuntar en el óxido de la bayoneta donde ahogo mis días. Y quince muescas más me delatan que no calculé suficientes mudas para una operación que algún lumbreras calificó de sencilla. No lo es. Nadie puede decir que algo sea sencillo cuando recoges a un compañero desmembrado por una mina. Nadie puede asumir la sencillez cuando apuntas en plena oscuridad a una persona y te conviertes en juez y ejecutor de su vida. Nadie puede pasear con la facilidad de la ignorancia, cuando asumes que igual que ejecutas a alguien por un mandato; tú puedes estar siendo apuntado por alguien como tú.

Pronto volveré a tu lado cariño. Pero no sé cómo. No sé si podré enjugar mis lágrimas sobre tu pelo fundidos en un abrazo sobre el que depositar el olvido de esta vida tan injusta, o si bien áquel Oficial cargado de estrellas que firmó la operación sencilla te entregará una simple medalla enjuta en rojigualda sábana. Pero volveré. Porque no hay más misión que la de estar a tu lado por siempre, ni mayor honor que defender con integridad tu recuerdo en mi memoria.

Por eso, si estas lineas te llegan, quiero que sepas que a pesar de todo, el día que el ruido de sables en lontananza hagan temblar mis piernas y razón, siempre tendré el reconforte de mi fusil a la derecha, el machete a la izquierda,... y tu foto en mi corazón.

Te quiero.


1 comentarios:

Castigadora dijo...

Genial!
Ninguna batalla es sencilla, ni el matar a nadie debería estar acompañado de ese calificativo.
Juez y ejecutor. Un binomio que de cualquier manera deberíamos evitar.

El final, excelente! Siempre hay lugar para la ternura, entre tanta atrocidad.
Un saludo