16 de agosto de 2008

El Criterio de Normalidad ( Parte II )

Las puertas de la comisaría se abrieron de par en par. En la entrada sólo se encontraba un Agente. Al verle, levantóse de la silla como un resorte. " A la orden, Inspector. Buenas noches... "- expelió con sonora voz. Alfonso únicamente le contestó con un no menos enérgico " Dónde está ", obteniendo como respuesta una señal con el dedo índice. La sala común. Recorridos unos escasos tres metros por un pasillo inmaculado lleno de cárteles haciendo alusiones a la policía y fotos de personas buscadas abrió la puerta de dicha sala. En ella se encontraban dos Agentes más, ambos de pie, que le tapaban la visión. Los mismos al verle se apartaron inmediatamente. Alfonso hizo un gesto para que abandonaran la habitación, quedándose a solas con el presunto sospechoso. Una vez se cerró la puerta, se hizo el silencio. Aquella persona yacía envuelta en una manta ignífuga de calabozo, y su pelo largo; mecido hacia delante, le tapaba todo el rostro. Se encontraba absolutamente calado, y no hacía más tiritar destruyendo toda imagen de deshumanización que la mente de Alfonso le había atribuido durante los largos veinte minutos de camino hacia la comisaría. Se sentó frente a él, al otro lado de la mesa. No llevaba grilletes, pudiéndose observar dicho detalle al poner ambas manos sobre la mesa. Unas manos finas, sin ningún tipo de anillo o joya. Alfonso tomo aire y le dijo:

- Buenas noches... ¿ Tienes nombre?.

El silencio se apoderó aún más de la sala. Aquella persona alzó un poco la cabeza, y sin poder aún divisarle el rostro, pudo atisbar una ligera carcajada que le aterró. Se trataba de una mujer. Nadie se lo había dicho. Aquella mujer recogió su pelo suavemente y se lo colocó tras la oreja derecha, dejando aún caer el lado izquierdo de su melena. Lo miró profundamente y, con gesto desenfadado, le contestó:

- ¿ Y qué importa mi nombre?. Si de todos modos me vais a encerrar... Además, no pienso hablar con un machista como tú... ¡ Mírate la cara que has puesto al ver lo que soy! - bajando y subiendo el tono de voz continuamente, jugando con las palabras como si de un monólogo psicopático se tratase -. ¿ Qué pasa, que una mujer como yo no puede hacer eso que, por la cara que traes, seguro que has visto?...

Alfonso tomó aire entre las risas de aquella mujer. Estaba como una puta cabra. Miró hacia el espejo bidireccional de la sala con la intención de avisar a alguno de los Agentes para que entraran a esposarla. Nuevamente, aquella mujer se adelantó:

- No te tomes la molestia. Llevan un rato conmigo y probablemente estén charlando con el de la puerta. Y sí, sé que es bidireccional. Antes puse el dedo sobre él y podía tocar mi reflejo... De todos modos no me tengas miedo. Ténlo a ti mismo...

Aquellas palabras le sacaron de sus casillas. Alfonso le alzó como un muelle de la silla, siendo la misma expelida hacia atrás y golpeó con ambas manos la mesa. Ya sólo debía decirle que tenía derecho a guardar silencio, a no confesarse culpable, a un abogado y al médico; dónde la iban a llevar sí o sí y para el Juzgado de Guardia. No quería ver a ese puto monstruo más. Y no necesitaba pruebas. Sus manos tenían la sangre sedimentada, la ropa que se podía entreverse tambien yacía manchada de sangre y poco menos que había confesado su crimen a los Agentes. Sin embargo, la curiosidad le mataba. Era su primer crimen, y quería saber más. Por ello, agudizó aún más su semblante serio y exclamó:

- ¿ Pero... vienes aquí a explicarme tus trucos sacados de internet para hacerte la interesante ?, ¿ Sabes que vas a ir a la cárcel muchos años, señorita anónima ? , ¿ Sabes lo que has hecho ?.

- ... - volvió a hacer un ligera pausa y, volviendo a sonreirse, le contestó -. Bueno... Inspector Martín. Yo sí le conozco, yo sí me informo. Si no estuviera tan nervioso no habría entrado aquí directamente y le habría preguntado a los Agentes por mis pertenencias... donde está mi identificación... También sabría que me han cacheado sus hombres... No han llamado a una mujer, por lo que mi abogado tendrá algo que decir sobre eso y... bueno. Pequeños detalles que hacen ver que aquí no soy yo la "nerviosa" precisamente... Y eso de lo que he hecho... Mmmmmm... No se pregunte el qué he hecho; Inspector. Preguntése por qué lo he hecho. Preguntése por qué he entrado a esa casa, pidiendo ayuda al habérseme quedado el coche estancado y no tener teléfono para realizar una llamada... Pregúntese por qué en la cocina golpeé a la mujer en la cabeza dejándola inconsciente. Pregúntese por qué clavé el cuchillo más grande y afilado de toda esa casa al marido en el vientre y tiré hacia abajo mientras le tapaba la boca... Pregúntese por qué lo arrastré desde la cocina, limpiando el reguero de sangre posteriormente, claro, y lo senté en el sofá del salón, conminándole a que se agarrara el estómago si no quería ver perder sus tripas por la inercia... Pregúntese por qué al no hacerme caso tuve que optar por degollarlo... O imagínese los gritos de la mujer, cuando se despertó sentada al lado de su marido eviscerado... la cantidad de puñaladas que tuve que darle hasta que se calmó... Y el hijo... Una lástima que bajara las escaleras... Una lástima que ya se me acabaran las ideas y tuviera que matarlo a golpes...

Alfonso volvió a golpear la mesa con ambas manos gritando que se callara. Definitivamente había perdido los nervios. Recogió la silla y la conminó nuevamente a que se callara, a pesar de haber obedecido a la primera. La miró fijamente y le dijo " No es normal "; como si con aquella sentencia quisiera finiquitar aquel monólogo del que se sentía apoderado. Ella volvió a sonreir.


- ¿ Normal?... No me haga reir. Defíname lo que es normal... Inspector... Usted se ha levantado a las 4 de la mañana y sin arreglarse está trabajando cuando casi todo el mundo está durmiendo, o... no sé. Hay gente peor que yo. Hay gente que asesina más que yo. Hay gobiernos que hacen matanzas indiscriminadas... Matan sin motivo... ¡ Como yo!. Entonces, si hay más gente que hace lo que yo he hecho,... ¿ Ellos tampoco son normales?. Igual es usted el que no es normal... - sonrióse y echando un poco hacia atrás su cuerpo sobre la silla continuó con su discurso -. La normalidad es un criterio meramente estadístico... No me hable de normalidad. Yo, me considero normal. Normal, a pesar de lo que haya hecho queee... por cierto... aún deben demostrarlo. ¿ Verdad?.


Alfonso se irguió y, ofreciéndole una última mirada furtiva, abandonó la sala de interrogatorio, conminando a los Agentes que esperaban fuera que siguieran con la custodia. No era psicólogo, pero tampoco era necesario saber mucho sobre la psique humana para atisbar el grado de locura de aquella persona. Se tomaría un ligero respiro, leería sus derechos, llamaría al abogado para que se personara en el Juzgado y a pasar página. Si bien no podría olvidar las caras desencajadas de los tres cadáveres, ni mucho menos la tez suave, cándida e inocente de aquella chica que decía haberlos matado. Poco a poco todo volvería a la normalidad, o al menos a la normalidad que él entendía como tal.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡¡¡¡¡¡ Esto sí que es un cambio de registro !!!!!!!!

Saludos de un asiduo a tu blog.

Tiene 3 parte no?

Marina dijo...

Simplemente buenisimo. Espero 3º parte...