27 de agosto de 2008

El criterio de Normalidad ( Parte I )

Al fondo de la calle podía ver las luces de varios coches de policía encendidas, al tiempo que las ventanas parecían panales de una colmena donde se agolpaban las abejas dispuestas a libar la miel del macabro espectáculo. Se había corrido la voz, aquello no le gustaba nada. Demasiado ambiente para su debut. Paró su auto antes de llegar al cordón policial, siendo reconocido por los Agentes que le conminaban a seguir en el mismo conduciendo hasta el lugar. Con gesto afable y despreocupado desistió de la sugerencia y estacionó al otro lado del cordón policial. Quería ser lo menos protagonista posible. No quería que viera medio barrio su entrada en el lugar, siendo saludado reglamentariamente por sus compañeros de rango inferior, señalado como el responsable de la correcta solución de un hecho terrible. Intentó agachar la cabeza lo máximo posible, dirigiéndose hacia el portal del lugar del suceso esquivando coches, haciendo absurdos zigzags entre los mismos evitando así saludar al resto de integrantes allí presentes. Mientras miraba con el rabillo del ojo hacia arriba. Seguro que todo el mundo le estaba observando. Aceleró sus pasos hasta entrar en el portal. La furgoneta del anatómico forense se encontraba en el lugar, al tiempo que un ostentoso Audi de gran cilindrada; propiedad del Juez de Instrucción. Debía ser algo importante al no haber delegado en el forense...- pensó. Se paró por unos instantes frente a una furgoneta blanca usando su espejo retrovisor a modo de improvisado tocador. Pelo desaliñado, ojeras recalcitrantes, dientes amarilleados por la nicotina y el café... Perfecto. Al menos, le pilló con el traje de los Domingos, pensó para sí esbozando una ligera carcajada.

" Primer piso, Inspector"; pudo oir. Haciendo un gesto de agradecimiento con la cabeza, subió los peldaños de la escalera hasta dicha vivienda. En la puerta se encontraba el responsable del turno. Seguramente habría sido él quien le llamó. Se paró ante él y le extendió la mano diciendo su nombre y cargo. Aquel Agente dudó por un segundo entre saludarle reglamentariamente o cogerle la mano. Cuando optó por lo primero, a Alfonso no le gustó nada y retiró la mano con desdén. A partir de ahí decidió no volverle a mirar a la cara.

- " Inspector; lo tenemos. El Juez aún no lo sabe. Por lo visto se ha entregado en una comisaría local a 10 kilómetros de aquí " - exclamó el Agente. El Inspector Alfonso levantó su mano en señal de silencio y le preguntó por lo sucedido. Aquella persona quedó muda, y dirigió su vista hacia el salón. Alfonso hizo lo propio y dirigió sus pasos hacia el mismo. En el pasillo se agolpaban varios Agentes de Criminalística, ataviados con su traje de plástico impermeable y mascarillas. Al frente, el Juez de Instrucción yacía ya en el salón, taponando el acceso al mismo. A su lado; una chica joven, la Forense, permanecía en idéntica posición. Ambos parecían absortos por la imagen. Cuando el Inspector se colocó a su altura, apenas pudo articular palabra. Sólo mirar...

Una familia de tres miembros. Supuestamente padre, madre e hijo. Todos sentados en el sofá viendo la televisión un programa que por lo que podía oír se trataba uno de esos concursos de madrugada en los que se llama para adivinar una palabra de cuatro letras. Aún así, era imposible de atisbar el canal ya que sobre la pantalla de la misma habían dibujado a base de sangre, probablemente con los dedos, una serie de ondas horizontales que copaban todo el espectro del proyector. El padre yacía sentado en la mitad del mueble; con un corte longitudinal de carótida a carótida, dejando la cabeza ligeramente descolgada de su tronco hacia atrás. Sus manos agarraban sus entrañas, las cuales se habían escurrido entre sus rígidos brazos provocando un macabro reptar hasta el suelo. Asímismo, su cara se encontraba pintarrajeada con su propia sangre. La madre, completamente desnuda, tenía varias puñaladas en el abdomen y las manos; atadas, agarraban con fuerza lo que parecía ser un Rosario. En la boca tenía una especie de tela que parecía haber sido introducida en la cavidad bucal a modo de mordaza.

Apenas pudo reprimir el vómito cuando observó aquella escena. Al hijo; un pequeño que bien podía llegar a los diez años de edad, tenía la cara desfigurada a golpes con un objeto contundente, así como dos secciones profundas en ambas muñecas rodeando todo su contorno. Su cuerpo yacía recostado sobre el hombro del padre. Asímismo, en una de sus manos tenía atado un coche de juguete.

- Su... Señoría... Soy el Inspector Martín. Me acaban de comunicar que el sospechoso del asesinato se ha entregado en una comisaría cercana. Si no me necesita aquí... - soltó incrédulo, ante todo lo que estaba viendo. El Juez, sin mirarle, y acusando igual petrificación que el Inspector, le contesto:

- Vaya Inspector a leerle los derechos a ese Hijo de la Gran Puta, y llevénmelo al Juzgado en menos de dos horas... Ahora.

Alfonso se volvió y salió corriendo ante la atónita mirada de todos los presentes. Tenía una sensación nauseabunda, horrorosa. Se sentía fatal al considerar la idea de poder compartir especie con el autor de aquello. Bajó las escaleras y sin despedirse se dirigió al coche haciendo idéntico recorrido que al llegar. Necesitaba llegar cuanto antes. Tenía que ver a la persona que había hecho aquello. Tenía que saber cómo era la cara de un enfermo después de asesinar y realizar aquel cuadro de horror para ellos....

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