5 de julio de 2008

Mi día libre

Las gotas de lluvia resbalaban suavemente sobre el cristal del vehículo; disfrutando de haber finalizado iniciático viaje desde la pléyade de cúmulos, nimbos y cirros que en el día de hoy ganaban la batalla al Astro Rey. Parecían disfrutar su victoria resbalando suavemente por la pulimentada superficie, hasta ser aniquilados por el virulento vaivén del limpiaparabrisas. El semáforo; de prohibitivo color, hacía interminable la espera. En el fondo; una canción desesperada de Marco Massini hacía llevadero el tránsito urbano. No tuve más remedio que ponerme a cantar. Era mi espacio, mi momento, mi concierto en el que miles de gotitas aplaudían a rabiar mis agudos y menos graves con su cadente repiqueteo.

Suena el móvil. Es mi mujer. Un triste Short Message System en el que me recuerda que no se me olvide de recoger un impreso en Correos. Como si no me lo hubiera dicho veces. Que no se te vaya a olvidar, que luego la tenemos - era su sentencia; firme y sin posibilidad de absolución. Como si no hubiere otra cosa más importante en el mundo. Toda la mañana de papeleo, y con la premisa de dejar el coche en el parking más céntrico a todos los recados que debía de hacer por aquello de que uno es hombre; y como hombre que es suele olvidar el paraguas. Vaya día libre. Ni hecho a posta. No podía estar en la casa que mi sueldo mantiene; disfrutando del internet que yo pago y viendo la tele que años atrás compré. No. Debía de recoger un maldito impreso de correos, recoger las gafas del crío y comprar el último número de la revista psychologies. Y eso sí, antes de las 12 que aún hay que ir al Carrefour a comprar las cuatro cosas que se olvidaron el día anterior, y no pudieron ser apuntadas en el genial invento de la lista de la compra.

Tengo que cantar más fuerte. Es mi momento. No tengo críos en la parte de atrás del coche dando la vara, no tengo a mi mujer cambiando constantemente de cadena y repudiando mis cd´s y ni siquiera tengo al amigo pelma que señala a toda chica que pasa por el paso de cebra mientras murmura guarradas. Estoy solo. Y es mi momento. Por eso abogo mi canto con el de tan genial cantante, invocando un "acelero por la vida, yo nunca piso el freno". Vuelve a sonar el móvil. Esta vez es mi desliz. Una compañera de trabajo con la que volví a sentir amor por mi mujer. Ni siquiera lo leo. Hoy no quiero sexo dificil. Tampoco fácil. Es mi día libre, y lo quiero para mí.

Semáforo en verde. Sigo cantando. Voy soltando el embrague. Una chica que llegó tarde al paso se me queda mirando. Lleva un precioso chubasquero marrón, y bajo el paraguas un precioso rostro Escandinavo. Me sonríe. Yo también la sonrío. Y se pierde por el espejo retrovisor. Creo que el parking de la Alameda de Colón me viene genial. En cuanto llego, cojo el móvil. Tengo ganas de romperlo por hoy y que nadie me moleste. Porque pienso disfrutar de este día como si fuera el último. Porque en bastante tiempo es de estos días en los que por fin puedo estar conmigo mismo. Mando otro mensaje a mi mujer. Cariño, que no se te olvide el pan - a ver si así coge la indirecta, o piensa que también lo voy a traer de paso. Mando otro mensaje a mi desliz: Hoy no puedo. Gracias por acordarte de mí.

Al salir del parking, la lluvia ha parado. Un bendito amaine que dará tregua a mi gabardina recién sacada de la tintorería. Recupero aire. Esos cinco kilos de más se me notan hasta para subir cuatro peldaños. Las gafas, el pan, la revista,... ¿ Se me olvida algo?. Qué más da. Hoy es mi día libre, y nadie me lo va a reventar.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hoy es mi día libre, y aquí estoy leyéndote.

Besotes

laflordelmal dijo...

Sí, se olvida. La ética de la valentía.

Como detesto a la gente que se queja de su vida cuando no hace ni medio ápice de intento por cambiarla... ggrrrr...

Alexander Moody dijo...

Una vez más, lo has pillado al vuelo, estimada Flor del mal. Y eso es lo que quería plasmar.

Saludos. Me hace feliz verte por aquí.