21 de julio de 2008

Lo normal

" Un testimonio real que, al que le pueda interesar, tuvo final feliz "

Las cuatro de la tarde. Pleno mes de Agosto. Las persianas bajadas en toda la habitación refrescaban el mal orientado piso de Eva; donde podían llegarse a registrar iguales temperaturas que las que asolaban la Málaga de plena época Estival. Yacía tumbada en la cama; enguatada en su ropa interior poco ajustada debido a los cambios de peso que llevaba sufriendo desde que se casó. En tal caso cumplían la misión de tapar lo importante, aún dejando pequeñas rendijas donde poder ver el surco de sus senos; turgentes, aún deseables para cualquier hombre que necesitase a una mujer de apenas treinta años de edad; aún aparentando diez más. El efecto de un embarazo, dos entierros y seis años de matrimonio. Apoyada la cabeza en la almohada; dejaba resbalar las lágrimas hasta que se perdieran en la misma; intentando que todo su dolor se quedara ahí. Podía hacerlo más fuerte; gemir de dolor y sollozar hasta que le faltasen fuerzas... pero estaba tan acostumbrada que parecía hasta gozar con su lagrimeo vespertino de todos los días desde hace ya incontables meses. Al menos así restaba infelicidad al día.

Martina; su hija, yacía inerte en el quicio de la puerta, observándola. Era su juego favorito. Ver a su madre llorar sin decir nada; aún con el babero rosa del centro escolar, alguna que otra mancha de comida en el mismo y un pequeño osito de peluche de igual tonalidad rosada; tuerto y descosido por su pata derecha víctima de los mordiscos de sus dientes de leche. Eva sabía que se encontraba allí, pero no quería hacerla partícipe de su penar. No en vano era una niña; una niña que nunca debería conocer el significado de la palabra "tristeza" salvo por experiencia propia. Pero hoy Martina se adelantó varios pasos y, sentándose sobre el precipicio del colchón, colocó suavemente a su oso entre ambas. Miró a su madre con inocentes y cándidos ojos y le dijo suavemente un " Mamá, por qué lloras " que se clavó cual estilete en el corazón de Eva. Se hizo un silencio entre ambas y, recostándose, le contestó:

" Lloro de felicidad Martina. Porque soy la mujer más feliz del mundo. Tengo una casa, una hija preciosa y un papá que nos quiere. Sé que no puedo llevar la vida que llevaba antes, pero si hoy soy lo que soy se lo debo a la suerte que tuve; Martina. Tuve suerte de conocer a tu papá; la persona más maravillosa del mundo y que me dio a mi Sol de seis añitos... ¿ Crees que puedo estar triste con todo eso; amor ? "

Volvió a hacerse el silencio. Martina asió su peluche y, bajándose de la cama, le contestó a su madre:

" ¿ Y por qué papá te pega ? "

Sentencia final. Una niña de seis años había desmoronado su argumento. Aún así, ella nunca lo comprendería. Si Alberto; el amor de su vida, le pegaba alguna vez que otra, era por amor y no por otra cosa. El mismo amor por el que ella dejó los estudios, y por el que él se negó a que los continuara una vez que dio a luz a Martina. El mismo amor por el que él le decía qué ropa tenía que ponerse y cual no para ir lo más guapa a la calle. El mismo amor que le alejó de todas sus amigas porque no eran más que una mala influencia, y debía dedicarse en cuerpo y alma a su marido y a su hija. Inentendible para una pequeña de seis años. Porque eran muestras de cariño y, aunque a veces lo han pasado mal como el día que forcejeando sin querer acabó cayendo por las escaleras, el amor acababa triunfando. El le pedía perdón, y ella lo aceptaba sin más premisa que vivir el hoy. Hasta que la muerte los separase. Y aunque le doliera la frase de su hija, seguramente con el tiempo acabaría comprendiendo que cuando alguien se enamora, es para siempre. Los pequeños hematomas acabarían curando, pero si él la dejara eso sería para siempre; y ¿qué haría esa hija sin su padre?, ¿ qué haría ella sin él?. Sólo era una de esas relaciones felices en las que su marido de vez en cuando le pegaba. O sea, le pegaba lo normal.


Si conoces o sufres algún caso, denúncialo. Cambia tu vida.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Una realidad que parece mentira que continue en estos tiempos.

Marina.

Farrah dijo...

Muy bueno, sólo que le cambiaba los signos de puntuación, pero ¿escritor fracasado? Nada de nada. También cometes dos laismos al final y es una lástima porque la última frase es una gran conclusión para el texto.

En cuanto al tema, ¿qué decir? Tú imaginas que la mujer pensaría "Qué haría yo sin él?", "¿Qué haría esta niña sin su padre?", pero lo peor es que muchas también se basan en la pregunta "¿Qué haría este hombre sin mí?" para seguir con ellos. En fin, en alguna peli de Almodóvar (¿La ley del deseo?) se dice que el miedo justifica cualquier tipo de acto.. Supongo que también el de permanecer.

Alexander Moody dijo...

Cierto lo del laísmo, no me había dado cuenta. Es una de las herencias de mi paso por tierras madrileñas.¡Todo lo malo se acaba pegando!.

Gracias por pasarte por aquí.

En cuanto al tema, al ser por desgracia parte de mi trabajo, lo conozco desde cerca y es bastante triste la "anulación" de personalidad que llegan a tener algunas mujeres y la justificación de la violencia como algo merecido por sus actos o comportamientos. Pero tampoco voy a extenderme en demasía. Lo triste es que muchos de estos casos acaban siendo denunciados, para ser retirados a las pocas horas.

Anónimo dijo...

¡Qué triste que en pleno siglo XXI ocurran hechos tales como los que describes en esta entrada! Resulta curioso observar cómo nos quieren vender que vivimos en comunidad, que somos personas civilizadas, adoctrinadas por el tiempo y la experiencia de nuestros antepasados. Simplemente hay contemplar situaciones como esta en la que las mujeres (y, en ocasiones, hombres) reciben un trato tan vejatorio, tanto físico como psicológico, dejando secuelas para la eternidad, en el mejor de los casos. Hay finales más deplorables aún, como alcanzar un fatídico desenlace, algo para nada insólito en nuestros días.
Una vez más vemos que el problema radica en la educación, de la que todos deberíamos ser partícipes para lograr erradicar todos los males que acechan este mundo. Y mayor hincapié aún deberíamos hacer nosotras, las mujeres, ya que este gran problema social nos afecta en gran medida a nosotras y está en nuestras manos el poder cambiarlo, valiéndonos, como ya he mencionado, de la bendita educación.

Con respecto a tu forma de escribir, que algo comentan por ahí, a mí me parece sencillamente excelente. La forma que tienes de utilizar los signos de puntuación otorga a tus discursos una brevedad y sencillez en ellos con la que consigues encandilar al lector de una manera bárbara. Y para terminar te diré que la característica más especial que posees es la gran variedad de adjetivos que empleas en las descripciones, fruto, quizás, de un gran recorrido por el maravilloso mundo de la lectura. Consigues adentrarme en la historia y hacerme vivirla casi en primera persona. Enhorabuena.

Un saludín de la flor(era) que ya es toda una adicta a tu blog ;)