8 de julio de 2008

Ella

" Podía tener una visión más o menos apocalíptica de la realidad, mas pensándolo bien, ésta podía ser una de mis ideas principales para recibir el fin del mundo con los brazos abiertos, y una sonrisa en la boca. Y el paisaje no era del todo idílico. Una habitación de pensión sucia; la cual hacía años que no recibía la visita de un pintor, un triste mueble aparador sobre el que dejar la botella de Ron con la que empezó nuestro asesinato a la razón, y un espejo sobre el que apenas poder vislumbrar el rostro de ella. Hace ya dos largos minutos que yace apoyada sobre el mismo, cabeza baja, dándome la espalda. Tan sólo puedo observar sus infinitas piernas abiertas, dando entrada a las curvas de sus caderas; tímidamente arropadas por una especie de camisón transparente, el cual deja entrever maliciosamente un poco de su trasero. Ya en el espejo puedo atisbar sus pechos; suaves, aterciopelados, con un tacto similar al de el melocotón recién cogido. Más abajo, un pequeño fulgor resplandece con la poca luz del ambiente. Sin más vestido que lo puesto; una cadena de oro en el tobillo y un gracioso piercing en el ombligo. Un fulgor parecido al de una estrella en mitad de tanta oscuridad.

Ella se da la vuelta, dejando tan sólo una de las manos apoyadas en dicho aparador. Su pelo; liso y suave, provoca un caprichoso efecto dejando medio rostro oculto tras su media melena. Desde esta silla casi puedo notar el olor que despide a champú caro y colonia dulce. Deja oculto medio iris en su mirada profunda; sin pestañear, al tiempo que sus labios se despegan suavemente unos milímetros. No sé si echarme a temblar, o acabar de perder la cabeza. Tan sólo dos pasos nos separan. Ella avanza uno. No puedo moverme. Ante mí, se abre un paraíso donde no me importaría vivir para siempre. Me encantaría poder cogerla y decirle que sobre su cuerpo sería capaz de escribir a golpe de esperma las mil y una razones de por qué con ella sí, y no con otra cualquiera. Desearía por encima de todo hacer del milímetro la máxima distancia permitida entre nuestros cuerpos y que mientras diésemos rienda suelta a nuestra pasión no apartar un segundo la mirada de la sima de sus ojos. Dios... Es imposible que pudieses hacer cosa más hermosa sin más intención que darme una razón más por la que vivir. Seguro que tiene truco, y acabaré ardiendo en el infierno... Da un segundo paso. Se sienta sobre mí, y sonríe. Intento abrir la boca y su dedo índice me la cierra suavemente con hilos de miel. Mejor no decir nada. Cualquier gesto podría malinterpretarse, y acabar con algo tan maravilloso que no necesita palabras. Ella apoya sus piernas en el suelo, se sienta sobre mí haciendo interminable el momento en el que unimos nuestros cuerpos. No sé qué me gusta más... Si sentir que estoy dentro de ella, o ver el gesto de liberación de su cara al sentirme. Quedan sus pechos a la altura de mi faz; dejando rienda suelta a mis instintos de señalar interminables caminos entre ellos con la punta de mi lengua; acabando siempre en sus cálidos pezones. Sus manos me reclaman un beso apasionado. Siento sus dedos arar mi pelo. Alzo la mirada, viéndola allí; ejecutando lentos movimientos acompasados, con la misma sonrisa cautivadora que me conquistó aquella tarde de primavera y con igual fuego en su mirar al que ardía entre nosotros en aquel momento. Mis manos ya están enraizadas en su cadera en un fútil intento por mantenerla allí siempre. Acabo conformándome con el aumento del ritmo de sus movimientos, al tiempo que su cuello me ofrecía kilómetros de orografía por besar... Ella quiere más. Y yo no sé si puedo llegar a su nivel.

Finalmente alcanzamos el cielo juntos. O al menos eso me hizo creer. Sin exteriorizarlo con gemidos o gritos cinematográficos. Sólo el ritmo de nuestra respiración, el latir de dos corazones extenuados y la fuerte contracción continua de su zona pélvica. Aún así, no la dejo que se separe de mí. Eso sí, sin decir una palabra. Ella tampoco. Mejor. ".


3 comentarios:

Anónimo dijo...

En cada uno de tus relatos, diferentes y, a la vez, tan análogos, siempre me sentiré "ella".

laflordelmal dijo...

Yo he vivido esa situación tal y como la relatas. Mismo espacio. Mismos gestos. Misma secuencia de acontecimientos.

¿Estás seguro de que no nos conocemos?


P.D. Los melocotones son tremendamente eróticos.

laflordelmal dijo...

Dafne es Vicky, la hermana de mi amigo Zarko; las playas de akaba es el blog de Curro, un colega; la terrible es una amiga mía... Si fueras del Clan Cacique, ya me lo plantearía seriamente.

Y no, no fue doloroso,sólo una pequeña heridita que se solucionaba con betadine mental. :)