21 de junio de 2008

Y aquí me encuentro

Soledad, tan querida y apreciada. Soledad, tan odiada y repudiada. Soledad, ¿ Por qué en estos momentos te deseo tanto?. Sé que hace mucho que no nos hablamos, antes que éramos amigos inseparables y en ese lugar que sólo tú y yo conocemos pasábamos las horas debatiendo sobre nuestra relación. Pero te abandoné, Soledad. Te abandoné a ti, tú que me hiciste comprender el verdadero valor de las cosas. Me hiciste comprender que eres necesaria, y que a pesar de la infatigable lucha del ser por evitarte, siempre acabas ganando la batalla. Por eso Soledad, yo que tanto tiempo te amé entre penumbras, yo que tantas lágrimas dejé escapar por ti, no tengo más remedio que implorarte perdón.

Quédate a mi lado, Soledad. Por si algún día tuviera miedo a no encontrarte.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Idem de lo q dije antes...

Anónimo dijo...

Puedo leerlo una y otra vez cada relato que pones que cada vez me gustan más...
Elisa!!

Anónimo dijo...

Esa amiga tan morbosamente atrayente, la soledad... imagino que, como todo, es algo que se debe tomar en sus justas dosis

BY JUAN CH
(bucanolo@hotmail.com)

mas de mi que de... lirio dijo...

Me gusta empezar por los principios aunque luego el tiempo escasee y uno termine leyendo a cachitos.

me gusta tu principio y en estos tiempos de silencio presente me quedo con ello.

Lo único que me pasa es la vida... y esta unas veces es levedad y otras pesa tanto que uno no tiene mas energías que para arrastrarla

Gracias por tus palabras y mil besos desde mi alma.