25 de junio de 2008

Querida enemiga

Querida enemiga:

No sé qué nombre puedo darte, puesto que la historia te ha dado muchos, y, ni siquiera sé si tu aspecto es agradable o todo lo contrario. Sólo sé que nos observas, nos miras, y esperas pacientemente el encuentro con todos y cada uno de nosotros.

Te escribo porque ya te he visto demasiadas veces en este año. Sé que es tu trabajo, y que el mío es tanto o más desagradable que el tuyo, pero... te tengo miedo sin tener por qué tenértelo y te respeto porque eres condición marcada a fuego como castigo por nuestro pecado Capital desde el primer momento en que abrimos los ojos a esta existencia.

Sinceramente, cuando ya he cumplido más del cuarto de Siglo en este mundo, soy incapaz de girar la cabeza y echar la vista atrás. Todo ese tiempo, hubiese estado bien aprovechado o no, es tiempo perdido; no recuperable. Ni recuperable son aquellos momentos con 15 años en los que se viven los primeros amores, o aquellos inolvidables momentos en los que correteaba golpeando los timbres de las casas para que el más gordito del grupo se llevara las broncas del vecindario. Nada es recuperable. Y sé perfectamente que el modo de verlo es cuestión química, recordándome de manera triste y efímera que un estado emocional no es más que un proceso; el mismo que nos lleva a ti. Y por eso, con la botella medio llena o medio vacía, sólo quiero decirte que mi respeto hacia ti sólo es igualable por el miedo que produces, puesto que no el futuro es un libro del que no se saben cuántas páginas te quedan por leer...

¿ Recuerdas cuando te llevaste a aquel chico que decidió lanzarse por un Puente de madrugada ? , ¿ O aquella noche en la que tuviste a una chica cerca de 20 minutos en coma ?... Seguro que no... Al fin y al cabo es tu trabajo. Pero para mí se quedaron grabados... Tanto sus cuerpos como la sensación de que la vida se abre paso a pesar de todo ello. Tú cumples, te vas, acompañas en ese viaje al elegido y dejas más vida alrededor. ¿ Acaso eres un mecanismo natural que nos protege de nosotros mismos ? , ¿ Eres la ruleta que maneja el destino de todos nosotros ?... No lo sé.

Hace tiempo tuve la oportunidad de verte, y casi creí reconocerte. Eras tú; cruel y a la vez hermosa. Inoportuna y esperada. Siempre la misma forma de aparecer... Sin esperarlo. Tiendes la mano, de forma amable y dulce, pero como la visita incómoda e inesperada nunca eres bien recibida. Y con ello has dado la clave para sobrevivirte. No importa cuándo, cómo, ni dónde aparezcas... Simplemente para ser inmortal vale con ser recordado por siempre. Da igual que sea por un gol, por una buena acción, o por hechos abominables... El secreto de la inmortalidad está en dejar en los demás la semilla del recuerdo, ese recuerdo que te haga revivir en la mente de los demás cada vez que se pronuncie tu nombre.

Por eso, querida enemiga y a la vez inevitable compañera. Te temo y te respeto, porque de ti nadie se libra. Y mientras llega nuestra hora, sigamos forjando nuestra inmortalidad a base de cariño y hechos que perduren; porque esa será la única forma de ser recordados por siempre.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sabias palabras y verdades como puños...
He dejado varios comentarios ya pero no se por q motivo no están luego...
Soy Elisa del foromalaguista!!! Una fan de tus relatos...

Anónimo dijo...

Interesante presentación de esa señora tan temida, tan amada, tan odiada y tan presente siempre: La Parca

En efecto, tal como decía Unamuno (creo que era él quien decía eso, aunque la verdad no recuerdo al cien por cien) la inmortalidad pasa por ser recordados, como queramos que sea dependerá solo de nostr@s mism@s; por lo demás, no nos dejemos condicionar por la señora Parca, a fin de cuentas es inevitable su visita final... no nos pasemos la vida arreglando la casa para ella y salgamos a respirar aire puro, a fin de cuentas a la buena señora tanto le da que vayamos a recibirla amablemente como si no...

BY JUAN CH.
(bucanolo@hotmail.com)