23 de junio de 2008

Algo en que creer

Recuerdo que corría el final de Verano de un año cualquiera. Un año con 12 meses que por circunstancias de la vida se me hicieron tan eternos que gasté la mitad de las fuerzas reservadas para mi existencia en poder superarlos. Y de éstas, hice lo que todo buen cristiano hace: Ir a la iglesia cuando no encuentras otra solución. Pero no a implorar perdón, no. Tenía la intención de entrar por la puerta; semblante serio, y decirle al grandullón ese que lleva tanto tiempo colgado de dos palos que no era más que un cabrón; que no tenía consideración alguna y que no quería volver a verlo más en mi puta vida... Y cuando entré, se complicó la trama. Iba con la idea de poder verlo allí, sentado, jugando a la ruleta con varios angelitos regordetes esperando a ver el número que salía y seguir así una orgía de desgracias personales con la que partirse ellos de risa. Iba con esa idea, pero no. No encontré nada. Sólo silencio y paz. El mismo silencio que tenía en mí, y que hasta entonces no había logrado escuchar. Dios seguía siendo el mismo trozo de madera tallada con sentimiento y arte, recogida sobre dos palos entrelazados que para muchos, incluso antes para mí, significaban algo en lo que creer. Así que, en aquel silencio, comprendí los pilares básicos de la fe. En mí mismo y en los demás. Así solo podría decirse que no necesitaría de esa ayuda divina; a la cual recurrimos cuando las cosas son imposibles.

Y por ello no tengo más remedio que darle las gracias a Dios. O como coño quiera que se llame. Ir allí sólo me sirvió para darme cuenta de lo estúpido que soy, o de lo estúpidos que somos todos. Dios no está para nuestros problemas personales, sino para darnos consuelo sobre los mismos. Para arreglarlos, mejor uno mismo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuanta verdad en tan poco espacio y que bien relatado... me ha gustado mucho.
Soy Elisa del foromalaguista!!!
Un saludo!! Besos!!

Orens dijo...

Dios no existe, solo las tias buenas.

Anónimo dijo...

Bueno, no soy creyente pero el texto sí que me ha gustado; y no solo eso, habla desde la perspectiva del creyente de algo a lo quem e aferraría en caso de creer: de la importancia del libre albedrío y de la capacidad de elegir por nosotr@s mism@s, al menos en la teoría

BY JUAN CH.
(bucanolo@hotmail.com)