29 de junio de 2008

Debió ser amor.

Debió ser amor aquello que por ti sentí en aquel momento. Lo sé porque hoy día no soy el hombre que fui, y cualquier pequeño resquicio que quedara de él fue pisoteado por tu recuerdo. Cambié tu amor por el placentero cielo del ansiolítico, el calor de tu lado de la cama por los hipnóticos de vida media y el olor de tu pelo húmedo sobre mi cara por una continua resaca de mujeres a saldo y alcohol. Y es que sólo así puedo seguir a tu lado. Drogado. Drogado para olvidar que una vez fuiste mía, y que ahora andas cabalgando sobre las piernas de otro, sintiendo sobre tus pechos el aliento de otra persona, llevando al cielo a cualquiera que caiga en la trampa de tu monte de Venus. A cualquiera, menos a mí. Porque a mí tú ya no me quieres.

Pero yo sí te sigo queriendo. Sigo recordando cuando, sentada sobre mí,envenenabas mi ser con cada movimiento de tu pelvis. Recuerdo el cadente vaivén de tu sexo sobre el mío, mientras mis manos hacían raíces en tus senos y mi boca hacía de tu cuello campo donde sembrar escalofríos de placer. Recuerdo tu cara; ojos cerrados y boca entreabierta mordiéndote suavemente los labios. Recuerdo tus arrebatos de pasión horadando suavemente todos y cada uno de mis rincones más profundos. Recuerdo el cruel orgasmo que tras una noche de pasión me dejaba exhausto, incapaz de concebir un futuro sin ti. Pero también recuerdo que nunca me dejarías, que era yo tu único hombre en la vida y que en la cama no había nadie como yo. Recuerdos que hoy son dagas en mi corazón, polvo en mi camino y nada en mi horizonte.

Hoy ya sé que nunca volverás a mi lado. Aunque siempre tuve la esperanza de volver. Hoy sé que debió ser amor; resultando ser sexo sólo, y qué solo me dejó.

28 de junio de 2008

F

( En recuerdo a mi primer relato original )

El cursor de la pantalla seguía pardadeando con brutal intensidad. Sobre aquel fondo blanco, parecía desafiar al escritor con aquella insidiosa cadencia ininterrumpible. Josh seguía frente a la pantalla; pétreo, inmóvil, mudo. No comprendía cómo había llegado a ese punto. Su bloqueo mental era tan brutal, que no era capaz de seguir una linea más. Su mente no daba más que para una "f" que allí seguía; tras el maldito cursor del procesador de texto. Y no era capaz de terminar la palabra. Sólo aquella consonante labial fricativa sorda. F. Y no más. Sus dedos; amarillentos de infinidad de cigarros consumidos entre los mismos, se encontraban fijados al teclado, sobre ellos, desafiando a un cerebro vacío de inspiración, mudo de iniciativa, vacuo de pensamiento. Sólo importaba la "f". No recordaba las más de cien páginas anteriores, ni tampoco quería hacerlo. Seguro que estaba bien. Y aquella "f" se pulsó por alguna razón; motivo suficiente como para no avanzar hasta deshacer el entuerto. "F" de desolación. "F" de vacuidad. "F" de bloqueo. Consiguió despegar una de sus manos del teclado para recolocarse sus gafas, y así dar tregua a las precoces llagas que le estaban apareciendo en la nariz de tener puestas las mismas tanto tiempo. Tras aliviar aquel dolor nasal, pasó la mano por su faz; enjuta en una barba deforme, con varios claros y desaliñada. Era un esperpento. Levantó la vista del monitor por unos segundos y miró hacia su cama. Completamente deshecha. Parecía el apocalipsis de una cruenta batalla. En la mesita de noche; un simple despertador analógico y un periódico de varios días que se encontraba adherido al mueble tras haber sido depositado hace varias semanas sobre café derramado. Junto al periódico, varios kleenex de intentos fallidos de masturbación inspiradora. No podía ser. Notaba cómo su bloqueo se transformaba en frustración. Cómo desde el más recóndito escondrijo de sus vénulas comenzaba a fluir odio; directamente al corazón. Mordió su labio inferior. Lo hizo con rabia hasta notar el sabor de su propia sangre. No podía seguir así. No sabía cuánto tiempo llevaba con aquella novela, pero sí sabía que debía terminarla. Y no podía.

Sintió deseos de llamar a su ex mujer, de llamar a su hija, de llamar a su editor, de llamar en definitiva a alguien que en una burda conversación le diera pie a otorgarle el significado justo a aquella "f" amenazante. Pero no podía. Apretó su lengua contra la parte interna del labio herido. Así cortaría la hemorragia. Observó por última vez a su enemiga consonante y apagó el monitor, dejando como única banda sonora de la habitación el inconstante ruido de la refrigeración del microprocesador. Tras levantarse, se dejó caer en el desvencijado colchón de la cama, mirando hacia el techo. Arriba, sólo suciedad, humo de tabaco reconcentrado y una triste y desnuda bombilla de 60 watios. Hoy había perdido la batalla. Retiró el periódico de la mesa, no sin comprobar antes cómo las páginas iniciales habían pasado a formar parte del barnizado de la misma. Abrió por la página de sucesos. Un famoso escritor había aparecido ahorcado en el cuarto de baño de su triste estudio de 30 metros cuadrados. Como el de él. No pudo evitar esbozar una ligera sonrisa. Menudo imbécil. El libro más importante de su vida y no lo había terminado. Volvió a dejar el periódico sobre la mesa y se puso boca abajo. Su musa inspiradora se estaba retrasando, pero mañana seguro que estaría en su mente. Y podría terminar su novela.

En el silencio de la noche, el ruido del ordenador se entremezclaba con el vaivén de la soga yacente en el cuarto de baño como último vestigio de lo que Josh hizo. Su alma, condenada por siempre, sufriría con la eterna búsqueda; día sí y otro también, de la dos letras que le faltaban a su novela; relato de vida que decidió terminar por su mano sin ponerle el broche que sólo Dios sabe poner. Porque una novela jamás debe terminar sin un simple y escueto "f..in". Y nadie es quién para decidir cuándo ponerlo.

27 de junio de 2008

Faltan huevos.

Esta mañana he ido al Supermercado. Barba de tres días, ropa desaliñada de haberme acostado con la misma puesta y un incipiente dolor de cabeza. Tampoco me he podido peinar, y ni siquiera creo que me haga falta. Total... cada vez tengo menos pelo, y cada vez menos ganas de cuidar lo que queda. O sea, un desastre ante cualquier espejo que logré maquillar con unas gafas de sol y unas gotas de colonia por encima, devolviéndome así un ligero atisbo de humanidad.

Sólo voy con un objetivo. Huevos. Una docena de oscuros, ovoides y grandes huevos. Sin importarme marca, fecha de puesta o envase. Simplemente me faltan. Me faltan huevos para afrontar el mundo, y huevos en la nevera. Y por mucho que me depile ciertas partes nobles; en un intento desesperado de recuperar grado de autoerotismo, sigo sin vérmelos. Igual que en la nevera. El envoltorio está ahí, pero vacío. Y lo peor de todo es que voy con una sonrisa sociópata impropia del que va a hacer tal sagrada compra. Si es que mi psicólogo ya me lo dijo: No tienes que temerle a nadie más que a ti mismo. Pero, ¿ quién va a temer a alguien que lo primero que hace nada más sufrir su enésimo episodio de insomnio es ir a comprar una docena de huevos?.Y no le quito la razón a mi terapeuta, aunque durante todo ese tiempo se comportase como un ladrón de mis pensamientos. Viendo lo que escribo, cualquier día descuartizaré a alguien por el mero placer de evocar mis tiempos jóvenes cuando me consideraba un experto jugando al Tetris. Y hasta no me faltará una sonrisilla al hacerlo.

Llego a la zona. No veo los huevos. Estos gabachos... Siempre cambiando las cosas de sitio. Me acerco a una chica para preguntarle y, tras echar un vistazo alrededor, se sonríe a sí misma y me dice " ¿ No podías haberte buscado otra excusa menos tonta para hablar conmigo ? ". Silencio. Me quito las gafas y me sonrío. A mi derecha cientos de hordas ovoides me esperan para devorarme. Sigo callado. Sólo la observo. Pechos turgentes, mayor que yo, mirada lasciva y anillo de compromiso en su mano izquierda. Probablemente anoche su partener no acabara cumpliendo con sus obligaciones. O quizás el rollo éste de tipo duro que se echa encima colonia para enmascarar su pasotismo en la higiene personal la hacía imaginar con interminables horas de sexo y sumisión mirando hacia la Meca. El caso es que yo también lo imagino, me sonrío y simplemente señalo el estante con los huevos y digo " Bien... Ya los he visto. Gracias. ".

Cruzamos sonrisas y voy a por mi docena. Me sigue mirando. Yo la miro a ella. Y cojo mis huevos y me voy. Su anillo de compromiso es toda una invitación a orar a golpe de cadera, pero a la vez una señal inequívoca de convertirse en todo un problema. Un juego bonito; tipo chat, en el que se ponen pensamientos a hervir sin llegar a quemarse. Lo único que me queda claro es que mi nevera volverá a tener huevos. Mientras, tendré que seguir buscando los míos por otro lado.

¿ Por qué ?


¿ Por qué hoy siento odio ?

¿ Por qué lo siento hacia mí mismo ?

¿ Tengo yo la culpa de todo ello ?

No. Aunque siempre intentes hacerme pensar lo contrario.

26 de junio de 2008

No me importa.

Dos palabras son las únicas te mereces. Dos palabras que puedan resumir el ansia que me corroe por no poder olvidar tu nombre. Ojalá pudiera olvidar dicha combinación silábica, llena de melodía que incita a la lujuria. Ojalá pudiera quitar de un plumazo el sabor de tus besos, y desterrar de esta pobre cabeza el contoneo de tu cintura a escasos milímetros de mi cuerpo. Ojalá pudiera borrar el día que el destino nos cruzó en el camino de la vida y así no ser nunca el esclavo en el que me convertiste. Pero no puedo. No puedo olvidar tu nombre, ni tus besos, ni tu cintura, ni el día que te conocí. No puedo porque quiero seguir sintiéndome esclavo de tus deseos y conformarme cual perro con las sobras; triste, herido, pero feliz de poder seguir comiendo a tu lado.

Por eso ámame, y que no te importe cuánto sufra. Que nuestro amor se resuma a un larguísimo minuto de violencia, que pueda escribirse en el vaho que inunda los cristales de la parte trasera de un coche y que tenga el final más humillante que pueda tener. No me importa. Quiero sentirme tuyo; golpeado y vilipendiado por tu indecisión. Humillado por mi indefensión. Preso de una pasión vulgar y efímera; dónde sólo importe el hoy, sin pensar en un mañana. Que nuestra historia se escriba en arrebatos de pasión sin sentido, en momentos de obcecación destinados a devorarnos mutuamente sin ningún tipo de pensamiento y que el día que desees puedas abandonarme a mi suerte sin ningún tipo de complejo. Porque no me importa, mientras así pueda tenerte cerca.

Por ello odiame. Vejame. Maltratame. Porque así al menos podré tenerte tan cerca como siempre quise. Rompe mi corazón, hazlo trizas y guárdalo como un trofeo más en tu extensa vitrina de conquistas. Que no me importa.

El dolor que me provoques pasará. Y llegará el día en que te enamorarás. No de mí. Pero lo harás. Te enamorarás del primer bastardo al que hipotecarás con un retraso de seis días, y yo estaré allí para verlo. Para verlo y decirte esas dos palabras que nunca creí poder decirte. Te odio. Suerte en tu vida. Y sigue amándome. Que no me importa.

Adios tristeza, Hola liberación

En la vida podía haber pensado que una amplia habitación fuera cárcel, y a la vez pasaporte a la gloria. Son apenas 10 metros cuadrados casi perfectos; insultados por un pilar desastroso; engarzado en una de las esquinas. Dicho saliente desafía a la perfección del habitáculo; sabedor de su importancia como sustento de toda la estructura. Aunque rompa la armonía. Armonía que que tiempo ya abandoné. Porque quise. La puerta se encuentra cerrada. Y contra el pomo, una vetusta silla de madera hace de contrapeso sobre la misma, cruel carcelero y confidente de mi momento de soledad. Esa silla me asegura la intimidad que necesito, y a la vez me condena a ser consciente de la planificación que he realizado. Las lágrimas apenas me dejan ver, inundan mis ojos ahogando cualquier chispa de vida que quedara en ellos y el corazón; hecho completamente un nudo, apenas me deja respirar. Tampoco puedo articular palabra alguna, aún no siendo necesario. Desearía poder hablar conmigo mismo, e inundarme de razones para no llevarlo a cabo, pero no puedo. El dolor es tan grande que considero muerta mi alma hace tiempo, y no quiero seguir siendo un cadáver andante. Miro la pistola. Pequeña, temblorosa entre mis manos, pavonado reluciente... Unica llave hacia la salvación. Cojo aire, y entre sollozos, entremezclo el ahogado sonido de mi plañir con el seco chasquido de la corredera. Un pequeño movimiento ha alojado mi único soplo de libertad en la recámara. Ya sólo quedaría apuntar hacia mi y terminar con todo. Apretar el gatillo. Notar el primer tiempo del mismo accionar todo el mecanismo, y que en décimas de segundo la aguja percutora prendiera la pólvora del proyectil; iniciando su último camino a través del cañón del arma. Probablemente el dolor sea insufrible, y no termine con esta agonía de golpe. Pero la liberación posterior seguro merecerá la pena. Otra vez pensamientos disfrazados de alegría intentan evitar este desenlace. Pero no les hago caso. Sé que son mentira; una treta de esta masa orgánica viva que no hace más que abocar a su instinto de supervivencia. Os odio; recuerdos. Odio el primer beso de amor. Odio el nacimiento de mi primer hijo. Odio el día de mi separación. Odio el día en que conocí a todos y cada uno de los que me han hecho amar esta vida que no vale para nada. Cierro los ojos y respiro profundamente. Introduzco el cañón del arma en mi boca. Las lágrimas desbordan mi rostro. Noto el sabor alcalino de los restos de pólvora alojados en el cañón. Arcadas. No puedo hacerlo. Mi cuerpo se resiste. Apenas tengo fuerzas para seguir. Lo intentaré en la sien. Tapono el cañón contra la misma. Noto la saliva depositada en el mismo. Lo siento. Lo siento por todos los que en su momento signifiqué algo para ellos. Lo siento; porque ya no seré una carga para ellos. Deslizo mi dedo suavemente sobre el disparador. No podía dispararse con sólo el roce, no. Hay que presionar fuerte. Con decisión. Cierro los ojos, y mis últimas fuerzas se concentran en ese índice de la mano derecha; ejecutor de mi sentencia absolutoria. Adiós, tristeza. Hola, liberación.

Por qué nunca escribiré algo decente.

Las 08:30 de la mañana. Ha sido una noche larga. Llena de ilusiones y de decepciones, de alegrías y de tristezas; de sentimientos que provocan amor y a la vez odio, pero que de un modo u otro, siempre me llevan a la encrucijada de la felicidad. Ese cruce de caminos que todos buscan; algunos encuentran y bastantes creen haberla encontrado. Hay gente que me dice que es feliz; ajena a que el precio de la leche duplica la gasolina. Los hay que son felices teniendo su casa, sin tener en cuenta que dentro de un tiempo quizás no puedan ni pagarla; viendo como el objeto de su felicidad es subastado a irrisorio precio por un banco cualquiera. Los hay que son felices teniendo pareja; cuando buscan el consuelo de un largo minuto de violencia entre las piernas de otra persona. Los hay que son felices porque así son; sin percatarse que más que un estado sea una anomalía patólogica de una personalidad vendada a la realidad. ¿ Por qué sois felices, entonces ?, ¿ No os dais cuenta que de la poca vida que nos dan la mitad es mentira, y la otra mitad es sueño ?.

Mi experiencia es esa. Y ahora lo sé. Podré ser más o menos feliz, pero nunca lo estaré completamente. Porque la felicidad plena no existe. Y en mi caso, se puede decir que lo tengo prácticamente todo, excepto lo más sencillo. Soy yo, yo y mis consecuencias, yo y mis deseos, yo y mis miedos, yo y mi soledad. Y por ello jamás seré capaz de escribir algo decente. La gente quiere felicidad, quiere historias bonitas, y para mí eso no es la realidad. Es un mundo más complejo donde la mayor de las alegrías esconde una terrible pena, y donde muchas veces para intentar ser feliz, dilapidamos la alegría de otras personas. Nos gusta vivir felices, aunque sea con un muro de mentiras. Mentiras y más mentiras, hasta que de nada sirva decir la verdad.



Os dejo un video que encontré buceando en mi búsqueda de la verdad. Espero que os haga pensar tal y como a mí me hizo.

25 de junio de 2008

Querida enemiga

Querida enemiga:

No sé qué nombre puedo darte, puesto que la historia te ha dado muchos, y, ni siquiera sé si tu aspecto es agradable o todo lo contrario. Sólo sé que nos observas, nos miras, y esperas pacientemente el encuentro con todos y cada uno de nosotros.

Te escribo porque ya te he visto demasiadas veces en este año. Sé que es tu trabajo, y que el mío es tanto o más desagradable que el tuyo, pero... te tengo miedo sin tener por qué tenértelo y te respeto porque eres condición marcada a fuego como castigo por nuestro pecado Capital desde el primer momento en que abrimos los ojos a esta existencia.

Sinceramente, cuando ya he cumplido más del cuarto de Siglo en este mundo, soy incapaz de girar la cabeza y echar la vista atrás. Todo ese tiempo, hubiese estado bien aprovechado o no, es tiempo perdido; no recuperable. Ni recuperable son aquellos momentos con 15 años en los que se viven los primeros amores, o aquellos inolvidables momentos en los que correteaba golpeando los timbres de las casas para que el más gordito del grupo se llevara las broncas del vecindario. Nada es recuperable. Y sé perfectamente que el modo de verlo es cuestión química, recordándome de manera triste y efímera que un estado emocional no es más que un proceso; el mismo que nos lleva a ti. Y por eso, con la botella medio llena o medio vacía, sólo quiero decirte que mi respeto hacia ti sólo es igualable por el miedo que produces, puesto que no el futuro es un libro del que no se saben cuántas páginas te quedan por leer...

¿ Recuerdas cuando te llevaste a aquel chico que decidió lanzarse por un Puente de madrugada ? , ¿ O aquella noche en la que tuviste a una chica cerca de 20 minutos en coma ?... Seguro que no... Al fin y al cabo es tu trabajo. Pero para mí se quedaron grabados... Tanto sus cuerpos como la sensación de que la vida se abre paso a pesar de todo ello. Tú cumples, te vas, acompañas en ese viaje al elegido y dejas más vida alrededor. ¿ Acaso eres un mecanismo natural que nos protege de nosotros mismos ? , ¿ Eres la ruleta que maneja el destino de todos nosotros ?... No lo sé.

Hace tiempo tuve la oportunidad de verte, y casi creí reconocerte. Eras tú; cruel y a la vez hermosa. Inoportuna y esperada. Siempre la misma forma de aparecer... Sin esperarlo. Tiendes la mano, de forma amable y dulce, pero como la visita incómoda e inesperada nunca eres bien recibida. Y con ello has dado la clave para sobrevivirte. No importa cuándo, cómo, ni dónde aparezcas... Simplemente para ser inmortal vale con ser recordado por siempre. Da igual que sea por un gol, por una buena acción, o por hechos abominables... El secreto de la inmortalidad está en dejar en los demás la semilla del recuerdo, ese recuerdo que te haga revivir en la mente de los demás cada vez que se pronuncie tu nombre.

Por eso, querida enemiga y a la vez inevitable compañera. Te temo y te respeto, porque de ti nadie se libra. Y mientras llega nuestra hora, sigamos forjando nuestra inmortalidad a base de cariño y hechos que perduren; porque esa será la única forma de ser recordados por siempre.

Lo siento mi amor, pero te tengo que dejar...

Me habría gustado empezar esta carta de otra forma mi amor, pero veo que, por muchas vueltas que le de, se me hace imposible. Sé que esto es más fuerte para mí que para ti, ya que seguro que con lo bonita que eres, y con toda la gente que te ama no te faltará tiempo para encontrar alguien que pueda dedicarte toda la vida, como yo siempre quise hacerlo desde el día en que mis ojos vieron la luz.

Pero tú sabes que la vida es así, y nuestros caminos deben separarse. Yo sé que siempre estarás ahí, y me da verguenza no poder decir lo mismo de mí. Por eso nuestra relación está condenada al fracaso, y sólo espero que con el tiempo me perdones.

Ya no podré pasear contigo por la Alameda, mochila a cuestas, disfrutando de la entrada al Parque y saboreando poco a poco el agradable olor a brisa marina que nuestra querida Malagueta nos va otorgando a medida que nos acercamos a sus arenas.

Ya no podré disfrutar de tu presencia cuando en las noches que necesitaba pensar juntos paseábamos por el pulmón del Morlaco, hasta que un banco nos ofrecía un sitio donde detener el tiempo respirando entre sus frondosos árboles.

Ya no podré amarte de igual manera, porque en la distancia todo se hace más complicado, y no dudes que si bien al principio lloraré por nuestra separación, luego me dedicaré a hacer bueno el dicho que el amor verdadero es el primero, y los demás para olvidar.

Te quiero, te quiero y te quiero... Me encantaría volver a oler junto a ti el incienso de la semana santa por la Calle Carretería, tomarnos unas copas frente al obelisco de la plaza de la Merced o simplemente pasear un par de libros alrededor de las bibliotecas de la Universidad donde tan buenos años hemos pasado.

Espero que cuando leas esto no te enfades conmigo, y el tiempo que aún me quede puedas seguir mirándome a la cara como amigos, prometiéndote que a tu regazo vendré a morir, y que mi último deseo será que antes de cerrar los ojos pueda verte por última vez e imaginarme que de tu mano, hago el camino más dificil que nos espera en esta vida, porque seguro que sabrás perdonarme.

Por si antes no te lo he dicho, lo siento. Pero te tengo que dejar, no sin antes decirte lo muchísimo que te amo MI MALAGA.

24 de junio de 2008

Te puede pasar a ti !

" ¿ Acaso no te ves distinto... ?. Te levantas; y da igual que sea tarde o temprano, hayas dormido o no,... estás preciosa. Se nota que estás enamorada... de la misma forma que yo lo estoy de ti". Y lo piensas, sin tener que decirlo, porque cuando se está enamorado es imposible esconderlo. Por mucho que quieras, acabas por decirlo. Porque te mueres por contarlo. Porque te mueres porque lo sepa. Porque sí... ¿ Y acaso no hay nada más bello que estar enamorado?. Los ojos brillan, el corazón late al compás de la persona amada y tus sueños te colocan más allá de un presente infame donde la vida no nos deja pensar más allá de los próximos cinco minutos de vida.

O quizás me leas, y estés desenamorado. No eres correspondido, o simplemente el amor te ha dejado alguna de las cicatrices que siempre deja... A ti, que un día sentiste como el corazón te daba un pequeño vuelco, y puede que incluso dejarás sobre tu cara ríos plateados tras cualquier esquina que te ofreciera la suficiente intimidad te digo que mires hacia abajo... Porque quizás ya hayas tocado fondo, y esa es la mejor noticia que puedo darte. Estira tus pies, toca ese fondo en el que te acomodaste e impúlsate hacia la superficie del sentir... Porque quizá esta no era la persona de tu vida, y allá fuera te espera impaciente la que está dispuesta a morir por ti. Nada hacia la luz, comienza a esbozar una sonrisa de oreja y quédate con lo bueno de todo el que hayas conocido, porque de cada relación de amor tienes que llevarte un pedacito que te enseñe a a amar mejor a la que te merezca. No llores por nadie, lo sé, tu amor está cerca. Y tu corazón, hoy henchido de dolor, volverá a recuperarse para dar ese amor.

Por eso, para qué pierdes el tiempo con juegos y escondites... Si estás enamorado, da igual que no seas correspondido. Porque al menos sabes, que si el amor invade tu alma, estás vivo.

Y eso es lo más bonito que puede sentirse, tal y como está el mundo.

Viva el amor, demuéstralo sin miedo y grítale a tu amor un te quiero. Y si no te quiere, QUE LE DEN y quédate todo el amor para ti mismo !.

23 de junio de 2008

Algo en que creer

Recuerdo que corría el final de Verano de un año cualquiera. Un año con 12 meses que por circunstancias de la vida se me hicieron tan eternos que gasté la mitad de las fuerzas reservadas para mi existencia en poder superarlos. Y de éstas, hice lo que todo buen cristiano hace: Ir a la iglesia cuando no encuentras otra solución. Pero no a implorar perdón, no. Tenía la intención de entrar por la puerta; semblante serio, y decirle al grandullón ese que lleva tanto tiempo colgado de dos palos que no era más que un cabrón; que no tenía consideración alguna y que no quería volver a verlo más en mi puta vida... Y cuando entré, se complicó la trama. Iba con la idea de poder verlo allí, sentado, jugando a la ruleta con varios angelitos regordetes esperando a ver el número que salía y seguir así una orgía de desgracias personales con la que partirse ellos de risa. Iba con esa idea, pero no. No encontré nada. Sólo silencio y paz. El mismo silencio que tenía en mí, y que hasta entonces no había logrado escuchar. Dios seguía siendo el mismo trozo de madera tallada con sentimiento y arte, recogida sobre dos palos entrelazados que para muchos, incluso antes para mí, significaban algo en lo que creer. Así que, en aquel silencio, comprendí los pilares básicos de la fe. En mí mismo y en los demás. Así solo podría decirse que no necesitaría de esa ayuda divina; a la cual recurrimos cuando las cosas son imposibles.

Y por ello no tengo más remedio que darle las gracias a Dios. O como coño quiera que se llame. Ir allí sólo me sirvió para darme cuenta de lo estúpido que soy, o de lo estúpidos que somos todos. Dios no está para nuestros problemas personales, sino para darnos consuelo sobre los mismos. Para arreglarlos, mejor uno mismo.

Tribulaciones

No son más que tribulaciones mías. Un día más me asomo a este blog sin mucho que decir. Es más, quizás tenga muchísimo más por hacer que decir. Me encuentro en época de cambios; pequeños altibajos que modelan el futuro Alexander que parece que voy a ser, y que aún así sigue sin gustarme. Es más, ¿ me he gustado alguna vez ?. ¿ Alguno de los insomnes "bloggers" que pululan por la red y que se topen con este escondido grito de ayuda podrían decirme si alguna vez se han reconocido asímismos?. Yo, desde luego, creo que no me reconozco. Podría ser el Sr. Moody que siempre fui, o el Sr.Moody que una vez creí encontrar, o el Sr. Moody que ahora lucha por salir. Y ya van tres... Tres en 30 años, sin contar aquellas fugas disociativas correspondientes a la etapa del juego simbólico. No está mal para asomarse a la etapa que debería ser más tranquila de mi existencia.

Si fuera amigo de Maslow; éste seguramente me diría que estoy tan arriba de la pirámide que necesito ir más allá de la "Autorrealización", o parafraseando a una amiga; lo tengo todo, salvo lo más sencillo. ¡ Y no es confusión !, es más la sensación de tenerlo todo tan claro, que asusta. Y es que si hay una cosa en esta vida que podría tildarse de verdad eterna e inmutable es que la ignorancia, en su pura esencia, da felicidad. Y yo, desde que dejé de ignorarme, soy el hombre más infeliz del mundo. O eso, o me he perdido el final del chiste.

21 de junio de 2008

Y aquí me encuentro

Soledad, tan querida y apreciada. Soledad, tan odiada y repudiada. Soledad, ¿ Por qué en estos momentos te deseo tanto?. Sé que hace mucho que no nos hablamos, antes que éramos amigos inseparables y en ese lugar que sólo tú y yo conocemos pasábamos las horas debatiendo sobre nuestra relación. Pero te abandoné, Soledad. Te abandoné a ti, tú que me hiciste comprender el verdadero valor de las cosas. Me hiciste comprender que eres necesaria, y que a pesar de la infatigable lucha del ser por evitarte, siempre acabas ganando la batalla. Por eso Soledad, yo que tanto tiempo te amé entre penumbras, yo que tantas lágrimas dejé escapar por ti, no tengo más remedio que implorarte perdón.

Quédate a mi lado, Soledad. Por si algún día tuviera miedo a no encontrarte.